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23 agosto 2012

Crítica: LA PÁGINA RASGADA de Nieves Hidalgo




Titulo: LA PÁGINA RASGADA
Autora: Nieves Hidalgo
Formato: E-book 
Páginas: 320



















         Emilia Larrieta nace en Madrid a finales del siglo XIX, en el seno de una familia acomodada. Su vida sufre un giro radical debido a una desgracia familiar, y pasa su infancia en una barriada marginal. Transformada en una jovencita audaz y desenfadada, ve cómo su vida cambia de nuevo cuando, tras un accidente, queda coja para siempre. Pero ni la pobreza ni la cojera podrán con el espíritu de Emilia. 

        Cuando llegue el amor, se entregará a él sin reservas, aunque luego deseará rasgar esa página de su vida. Durante los crueles años de la guerra civil, Emilia luchará por mantener a su hija y a su propia madre. A pesar de todas las contrariedades, nunca perderá las ganas de vivir. 

Ya anciana, la imparable curiosidad de su nieta arrancará de Emilia recuerdos de amores perdidos, de verbenas, de hambre, de injusticias y justicias de andar por casa, que enseñarán a su nieta –y a los lectores—muchas cosas que nunca estarán en un libro de historia.


FRAGMENTO:


—Todo es más caro, abuela, eso que me cuentas pasó hace siglos.
—Eso es verdad, todo ha subido. ¿Sabes lo que costaban esos bonos entonces? Cuatro pesetas para las señoritas. Allí iba a cortarse el pelo lo mejor de Madrid. También iban a despiojarse, claro. O a embadurnarse de lociones que traían del extranjero. O sea, de Rusia.
Cuando llegábamos a ese punto, y salía Rusia a relucir, yo sabía que lo mejor era no sacarla de su error. Porque para mi abuela sólo existían dos puntos cardinales: Madrid y Rusia. Todo lo que estuviese alejado del centro de la capital más de cien kilómetros, aunque ella ignoraba qué distancia era ésa, ya entraba en territorio ruso.
Era muy normal que al hablarle, por ejemplo, de una pastilla para el dolor de cabeza fabricada en Francia, preguntara:
—¿Dónde está eso? ¿Más allá de Rusia?
No sé yo qué obsesión tenía mi abuela con ese país que tal vez quedó grabado en su mente a cuenta de los nacionales y los rojos, que decían que estaban inducidos por los rusos. No había forma de hacerle entender que España era Grande —además de Una y Libre, como se acuñó en el Régimen— y que existían otros muchos países además del nuestro y la Rusia comunista.
Pag N°:54-55